Los dulces de la Semana Santa española tienen en común, en muchos casos, los ingredientes y formas de preparación, pero sin duda, lo que caracteriza a todos ellos es el aporte energético destinado a compensar las abstinencias y ayunos de los cuarenta días previos a la Pascua. Si ya dominas las torrijas y la leche frita no guarda secretos para ti, te proponemos esta colección de dulces propios de Semana Santa – con la excepción del potente hornazo, que procede después de la Pascua, ya que lleva embutido.
- La mona de Pascua es el dulce por excelencia en Cataluña y Baleares, aunque ya es posible encontrarlo en infinidad de pastelerías del país. Consiste en un bollo de masa tipo brioche o bizcocho, decorado con huevos duros pintados (tradicional) o elaboradas figuras de chocolate, casi siempre con forma de conejo (otra idea proveniente de los países anglosajones que se ha popularizado en otros países). Las monas las regalan los padrinos a sus ahijados el Lunes de Pascua.
- No es dulce, pero es propio de las fechas posteriores a la Pascua: el hornazo, especialmente famoso en Salamanca, es un pan relleno de embutido (jamón, lomo, chorizo) que se consume para celebrar el fin de la abstinencia. Como la empanada, en origen era una preparación que permitía que el relleno se conservara en buen estado durante más tiempo: comida de pastores, contundente y energética.
- En la Comunidad Valenciana existen los panquemados: bollos tiernos y esponjosos con una costra de azúcar por encima, ideales para merendar en el campo. Son más grandes que la mona y no llevan el típico huevo duro que incluye esta. De forma redondeada, tiene un interior muy esponjoso y una capa exterior oscura y tostada, casi quemada. Como tantos otros dulces de la península, tiene origen árabe.
- También originarios de la cultura hispanomusulmana (Al-Ándalus) y la tradición conventual, son los pestiños andaluces, dulces fritos aromatizados con ajonjolí (sésamo), matalahúva (anís) y naranja que se popularizaron a lo largo del siglo XVI. Su técnica de masa frita bañada en miel o azúcar se remonta a la repostería árabe tradicional.
- Los rosquillos manchegos fritos tienen origen conventual y se hacen con huevos, azúcar, aceite, ralladura de limón y harina, a la que a veces se añade levadura química y una pequeña pizca de bicarbonato. Con ella se forman pequeños aros que se fríen en aceite caliente hasta quedar dorados y se terminan espolvoreando con azúcar o azúcar y canela.
- Los crespells, típicos de las Islas Baleares, son unas galletas o pastas tradicionales cuyo origen se remonta a varios siglos atrás: se elaboran en familia con harina, azúcar, manteca o aceite y aromáticos como limón o naranja. Con la misma masa se elaboran también los rubiols o robiols: empanadillas dulces rellenas de requesón, confitura, o cabello de ángel.
- Populares en muchas regiones españolas son las hojuelas, de la misma familia que pestiños y roscos: masa elaborada con huevo, licor de anís, aceite de oliva, sal y harina que se estira, corta y fríe en abundante aceite. Se rematan con miel o azúcar.
¿Cuáles vas a probar esta Semana Santa? No olvides pasar por Montepinos y elegir tus dulces favoritos.
