La primavera más ansiada ha llegado: tras un invierno más oscuro y gris de lo habitual, aparecen los días más largos, con más horas de luz y muy soleados. Y el cambio de estación también se nota en los lineales de Montepinos, colores, formas y sabores cambian, y aparecen las primeras joyas de la huerta primaveral, los alimentos de abril.
Repasamos alguno de ellos y cómo elegirlos correctamente.
- Espárragos trigueros y blancos
Fragante y delicado, el espárrago es el rey de la primavera. Para acertar al elegirlo hay que prestar atención a las puntas: deben estar cerradas y compactas. Si aparecen abiertas o empiezan a florecer el espárrago estará fibroso e incómodo de comer. En cuanto al tallo, debe estar firme y, al doblarlo ligeramente, debería ofrecer resistencia o incluso «crujir». Mejor descartar los de aspecto arrugado o base seca.
- Alcachofas
En la alcachofa la clave es su peso, porque indica que contiene toda su humedad y es más fresca. Además, hay que fijarse en las hojas: si están abiertas, la alcachofa es vieja y el centro tendrá «pelos»; si las hojas aparecen apretadas, la alcachofa está en su punto correcto de madurez y consistencia. Y no pasa nada si alguna tiene alguna mancha negra por el frío. Lo importante es que al apretarla no se sienta blanda.
- Guisantes y habas.
Estas legumbres se consumen frescas en los meses de primavera, porque son pura delicia. Las vainas han de mostrar un color verde brillante y al tacto aparecer llenas. En el caso de los guisantes, los más pequeños suelen ser más dulces y tiernos. Si la vaina está muy hinchada y dura, los granos pueden ser harinosos.
- Fresas y fresones
El aroma de las fresas es pura primavera, fresco e intenso y además es el mejor indicador de su sabor, porque si no huelen no saben a nada. El color debe ser rojo intenso desde la punta hasta el tallo. Las fresas no maduran una vez recolectadas; si están blancas o verdes cerca de las hojas, se quedarán ácidas. Una vez en casa, hay que conservarlas con el tallo hasta el momento de consumirlas.
- Pescados de temporada
En el mostrador de la pescadería aparecen en estos meses el atún rojo, el boquerón, la caballa y el bacalao fresco. Auténticas joyas marinas de sabores intensos y muy diferentes entre sí. A la hora de elegir un pescado, lo más importante es fijarse en los ojos, cuyo brillo y color nos indicarán frescura. Si los ojos de un pez aparecen hundidos o turbios, el pescado no es del día. Otro dato fundamental es el color de las agallas, que se presentan de color rojo vivo o rosado intenso, nunca marrón. Y por supuesto, el olor: un pescado fresco huele a mar y a brisa fresca, aunque sea un olor delicado. Si es demasiado fuerte, mejor no comprarlo. Por último, al tacto, la carne del pescado tiene que estar firme.
Consumir alimentos estacionales en su momento óptimo es el mejor consejo alimenticio y nutricional que podemos dar a nuestros clientes, pero además, hay otros factores importantes, como el precio (en temporada hay más oferta, por tanto, el precio es mejor) y la huella ecológica, que se reduce al mínimo al no haber recorrido largas distancias en cámaras.
Este mes te invitamos a pasear por nuestros pasillos con otros ojos y, como siempre, a dejarte aconsejar por nuestros mejores expertos fruteros y pescaderos.
