Las gildas, aperitivo clásico donde los haya, viven un apasionante resurgimiento en los últimos años. La gilda nace en los años 40 en un bar de San Sebastián, donde comenzaron a ensartar aceitunas, guindillas y anchoas y la bautizaron con el nombre de la película más impactante de aquellos años: “Gilda”. ¿El resultado? Un aperitivo atrevido, salado, ácido y ligeramente picante que en principio nace para “limpiar” el paladar entre pintxo y pintxo.
La gilda es un bocado directo: se toma de un solo golpe, sin rodeos. La combinación de ingredientes busca el equilibrio entre lo ácido (el vinagre del encurtido), lo picante (la piparra) y lo salado (anchoa). La gilda acompaña a la perfección cualquier bebida, precisamente por esa intensidad de sabor que resetea el paladar y lo deja listo para apreciar otros sabores más delicados a continuación, desde el txakolí, el Ribeiro o el vermú hasta el tinto del año o el crianza.
El resurgir de lo clásico con tintes actuales
En los últimos años, la gilda ha vivido un auténtico renacimiento y ya se extiende desde el norte por todas las barras del país, asociada siempre a la hora del aperitivo, vermú o poteo, tradición castiza e ibérica donde las haya. Por su concentración de sabor, su carácter picante y su ligereza, cumple perfectamente con esa finalidad de transición entre dos sabores, texturas y aromas diferentes. Sin embargo, en los últimos años y con la innovación como motor impulsor, la gilda se ha renovado con combinaciones insólitas y exquisitas y se ha convertido en estrella de las barras y cartas en toda España. Además ya puede encontrarse en los lineales gourmet de muchas tiendas especializadas y supermercados, como el nuestro. Quizá por el auge del aperitivo y el tardeo frente al consumo nocturno, o quizá porque encaja perfectamente con la tendencia actual: recetas sencillas, ingredientes excelentes y sabores reconocibles. Además, su estética —colorida y apetecible— la hace ideal para redes sociales y presentaciones informales. Su estrellato puede atribuirse a su versatilidad y a que conecta tradición y modernidad. Es un clásico que admite reinterpretaciones, lo que la convierte en un lienzo perfecto para chefs y aficionados.
Receta versátil y adaptable
La receta original es clara: aceituna, anchoa y guindilla encurtida. Pero en nuestros establecimientos pueden encontrarse además otras variaciones igualmente deliciosas:
- Boquerones en vinagre
- Langostino
- Pulpo
- Queso y cecina
- Queso y tomate seco
Y puede servirse tanto solas (es lo más habitual) como con una rebanada de pan, que redondea y convierte la gilda en un pintxo más completo, suaviza el conjunto y a la vez lo hace más contundente.
La gilda es una pequeña obra de arte de sorprendente sencillez que esconde un profundo concepto gastronómico. No es casualidad que, pese a esa sencillez, siga conquistando paladares generación tras generación. Pequeña pero poderosa, la gilda demuestra que, a veces, los grandes placeres vienen en formato mini.
Nuestra carta de gildas artesanas se compone de seis variedades, con pan y sin pan, listas para hacer de un modesto aperitivo toda una experiencia gourmet. ¡Ven a vernos!
